Es bien sabido que el río Guadalquivir tiene la característica de ser el único río navegable de España, cualidad que en cierta época permitió a Sevilla llegar a ser una potencia económica gracias al comercio de indias y al establecimiento de la antigua Casa de la Moneda.
Con el paso de los años, esta actividad fue decreciendo hasta llegar el momento en que el río Guadalquivir que pasa por la ciudad, sólo es usado en este sentido para un sinfín de cruceros que realizan un recorrido, ejerciendo una salida cada media hora aproximadamente.
De un paseo por el río nos percatamos de que dichos cruceros provocan ciertas mareas a su paso, que empapan las duras orillas que se han ido consagrando en los bordes del río, y que por consiguiente, cada vez se encuentran en peores condiciones. Pero también cabe señalar, que la escasa vida que aun hoy percibimos en él, puede verse perjudicada debido a estos restaurantes navegables, que lógicamente vierten vertidos (ya no combustibles solamente).
Por tanto nos vemos en la necesidad de reflexionar acerca de si es lícito explotar de esta manera una virtud de tanto carácter como es el rio Guadalquivir.
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