miércoles, 28 de abril de 2010

Estampas - Vivencias





Si buscamos en la ciudad de Sevilla imágenes que evoquen una sensación de tranquilidad o evasión nos remontamos a los parques o paseos por el río, que gracias a los elementos de la naturaleza consiguen trasportarnos de una ciudad congestionada a un espacio de estampas e imágenes que nos evocan sensaciones agradables.

Tras un análisis reflexivo sobre la ciudad y sus espacios públicos encontramos una importante carencia de espacios verdes de “estar”, alejados del bullicio de una ciudad con un tráfico caótico.

Si nos centramos en el “pulmón” principal de la ciudad de Sevilla, es decir, su río, detectamos situaciones muy contradictorias. Se trata de todo un mundo de contrastes: todos los puentes no se viven de la misma forma a pesar de que todos ellos se destinan al tráfico. ¿A qué se debe este fenómeno? En las imágenes expuestas podemos ver que los puentes dotados de zonas de paseo y esparcimiento, con alguna zona verde tienen mucha más vida que aquellos que únicamente se rodean de tráfico.

Hemos detectado que los espacios que mejor funcionan como lugar de interacción y relación entre personas son estas “estampas” que mostramos de la ciudad. ¿Qué pasaría si toda la ciudad estuviese constituida por imágenes de este tipo? Imágenes que en la realidad se transformen en lugares de estancia, no únicamente en lugares de paso.

Hablamos de una posible conexión de espacios de la ciudad; un recorrido que conecte las “estampas” ya existentes de nuestra ciudad. Una “nueva trama” en la ciudad, donde el tráfico privado queda enterrado y las vías principales se convierten en nuevos espacios de estar que enlazan las principales zonas verdes de la ciudad. Estas líneas de conexión adquieren de esta forma un carácter más acogedor, destinándose al disfrute del peatón, tal y como veremos en los planteamientos que proyectamos.



Un paseo por el río



Es bien sabido que el río Guadalquivir tiene la característica de ser el único río navegable de España, cualidad que en cierta época permitió a Sevilla llegar a ser una potencia económica gracias al comercio de indias y al establecimiento de la antigua Casa de la Moneda.

Con el paso de los años, esta actividad fue decreciendo hasta llegar el momento en que el río Guadalquivir que pasa por la ciudad, sólo es usado en este sentido para un sinfín de cruceros que realizan un recorrido, ejerciendo una salida cada media hora aproximadamente.

De un paseo por el río nos percatamos de que dichos cruceros provocan ciertas mareas a su paso, que empapan las duras orillas que se han ido consagrando en los bordes del río, y que por consiguiente, cada vez se encuentran en peores condiciones. Pero también cabe señalar, que la escasa vida que aun hoy percibimos en él, puede verse perjudicada debido a estos restaurantes navegables, que lógicamente vierten vertidos (ya no combustibles solamente).

Por tanto nos vemos en la necesidad de reflexionar acerca de si es lícito explotar de esta manera una virtud de tanto carácter como es el rio Guadalquivir.

Las orillas verdes - Las orillas duras




Son pocos los puntos en los que nos encontramos unas orillas rebosantes de naturaleza, y además, puntos en los cuales se generan la actividad social en relación con el río.

Espacios cargados de esta actividad, la cual queda lejos de la obtención de un beneficio económico a cualquier poder público o privado, sino que son lugares que han quedado al servicio del ciudadano, sin ningún tipo de interés, gracias a la intervención puntual y efímera que se ve reducida a la creación de ciertos recorridos a su través.

Zonas de sombra, de vegetación, que permiten disfrutar de una de las caras más amables de Sevilla, alejada del ensordecedor ruido del tráfico a su paso por una cota más elevada y absorto en una vida natural y tranquilizadora, al margen de lo que supone una gran ciudad.

A pesar de que la ciudad disfrute de pulmones verdes que permiten alejarte del bullicio de la ciudad, si nos centramos en las orillas, tal y como se comenta con anterioridad, encontramos una gran mayoría de espacios que no dan una imagen agradable a nuestras ciudades. La mayoría de estos son plazas duras o tramos de paseo desiertos que terminan por acoger sólo a una parte de la sociedad convirtiéndose en un lugar de paso para el resto de los habitantes.