Son pocos los puntos en los que nos encontramos unas orillas rebosantes de naturaleza, y además, puntos en los cuales se generan la actividad social en relación con el río.
Espacios cargados de esta actividad, la cual queda lejos de la obtención de un beneficio económico a cualquier poder público o privado, sino que son lugares que han quedado al servicio del ciudadano, sin ningún tipo de interés, gracias a la intervención puntual y efímera que se ve reducida a la creación de ciertos recorridos a su través.
Zonas de sombra, de vegetación, que permiten disfrutar de una de las caras más amables de Sevilla, alejada del ensordecedor ruido del tráfico a su paso por una cota más elevada y absorto en una vida natural y tranquilizadora, al margen de lo que supone una gran ciudad.
A pesar de que la ciudad disfrute de pulmones verdes que permiten alejarte del bullicio de la ciudad, si nos centramos en las orillas, tal y como se comenta con anterioridad, encontramos una gran mayoría de espacios que no dan una imagen agradable a nuestras ciudades. La mayoría de estos son plazas duras o tramos de paseo desiertos que terminan por acoger sólo a una parte de la sociedad convirtiéndose en un lugar de paso para el resto de los habitantes.
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