miércoles, 5 de mayo de 2010

2_Desarrollo de la propuesta _ intervención sobre el sistema viario:


En un primer paso comenzamos planteando el problema del tráfico rodado en la ciudad y su influencia en el desarrollo del individuo, que se ve enormemente condicionado por unas necesidades de transporte que quedan estrechamente vinculadas al uso del vehículo privado.

El tráfico peatonal, la circulación en bici, el transporte público, la aparición y el desarrollo de amplios espacios de estancia asociados al viario, etc.,… son aspectos que quedan relegados en beneficio del trasporte motorizado y sus necesidad específicas de circulación y aparcamiento. De ahí que nuestra propuesta plantee una inversión de prioridades. Es decir, proponemos como opción primera el desplazamiento del tráfico rodado a una cota subterránea (en la que queden resueltas todas sus necesidades) y la definición de un amplio espacio verde de convivencia a cota cero.

Con este esquema conseguiríamos transformar no solo la imagen urbana de la ciudad, que sería mucho más natural, rica, heterogénea e interesante, sino la forma de entender el espacio público y, en definitiva, su uso. Conseguiríamos generar una ciudad mucho más abierta y flexible, un espacio que se entendiese como único y accesible.

No obstante, en ningún caso debemos confundir dicha idea de continuidad y relación espacial con un criterio de homogeneización estético o formal. Y es que la homogeneidad solo sería válida dentro de este modelo a la hora de considerarlo como sistema de propiedad homogénea (todos los ciudadanos) y de servicio homogéneo (para toda la población).

En definitiva, planteamos una utopía, un sueño que inocente e ingenuamente se apoya en la convicción de que una ciudad distinta, más cercana, más personal y más natural es posible. Situación que resulta originariamente contraria a la definición del ser humano y el proceso de antropización que de manera instintiva éste desarrolla.



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